Archivo para 24 julio 2008

Cameraless, cine sin cámara

Cameraless, o cine sin cámara. Consiste en dibujar o pintar directamente sobre el negativo. Las técnicas son diversas, rascamos, hacemos collage, animaciones… Utilizamos viejas películas árabes de los años 70. Hemos constatado que esta es la mejor manera de que los chavales conciban la ficisidad del cine, que comprendan las 24 imágenes por segundo.

Por cierto, a la espera de un proyector que nos tiene que llegar en un mes de Australia, los niños han decidido llamarle “Luz Blanca”, Dao Byed, al proyector, un bonito nombre para denominar la propia plataforma.

Primeras flmaciones II. Primeros minutos Lumière. Tras los pasos de Henri Matisse.

Como hemos venido comentando durante esta primera etapa del proyecto nuestro acercamiento a la realidad ha sido básicamente documental. Paseamos por las calles de Tánger con el único objeto de filmar aquello que nos gusta, sin ningún otro tipo de imposición narrativa ni discursiva. Confiamos en la posibilidad de reflejar en las imágenes el sentimiento que hay detrás de la cámara. Las instrucciones a los chicos son escasas. Tememos sus capacidades imitativas y este es un proyecto de cine en el que el lenguaje ha de ser el suyo propio. No hay teoría, se han de dar cuenta de las cosas por sí solos. Se tienen que familiarizar con las cámaras y con todos los posibles errores por cometer. Queremos que un nuevo lenguaje, el nuestro, se vaya formando solo. ¿Aparecerá verdaderamente o nuestras intuiciones y nuestro idealismo nos han engañado?

El ejercicio que les hemos planteado es recorrer los pasos de Matisse por Tánger. Les hemos facilitado una reproducción de La puerta de la Casbah que el pintor realizó en 1913, y les hemos pedido que la busquen y filmen. Fueron estos nuestros primeros minutos Lumière, para los que utilizamos por primera vez el trípode.

Ha pasado el tiempo desde que esa puerta fue pintada, pero el espacio aparentemente no ha cambiado, y el tangerino parece que tampoco. Los niños encuentran un stand gnaoua preparado para los turistas que visitan la kasba. Quieren probarse sus típicas pelucas y retratarse con ellas. Los músicos nos piden dinero. Les comentamos que pertenecemos a Darna, que no somos turistas, que “ayudamos” a estos niños. “Muy bien, pero nosotros también tenemos que ayudar a nuestros niños saharaouis”, nos comentan entre risas. Tienen razón, entendemos. No les damos nada, pero finalmente aceptan alegremente que nos retratemos al pie de la monumental portada.

Primeras filmaciones. Somos Agentes de la Muerte.

Si bien en laboratorio el trabajo tiene su retraso, es en la filmación donde podemos desahogarnos verdaderamente. Acudimos principalmente a la Casbah, cerca del refugio Darna. También al Gran Zoco, donde filmamos las puertas de la medina y de la Mendubia, los árboles. Nos sorprendemos de la pasividad de la gente frente la cámara. Parece que no les importa ser filmados por nuestro peculiar equipo de rodaje, algo extraño en un país musulmán donde la relación con la imagen es tan compleja. Filmamos las sedes consulares portuguesas abandonadas del Marshan, la playa de Markala, que está desapareciendo bajo la construcción de una carretera que circundará Tánger.

Parafraseando a Roland Barthes, somos unos auténticos agentes de la muerte. Pretendemos, por medio de la captura fotográfica, conservar la vida. Pertenecientes a una sociedad que ha negado la Muerte, nuestra nostalgia edénica, nuestro impulso melancólico, nos obliga, paradójicamente, a reproducirla: una de nuestras motivaciones pasa por capturar el patrimonio material e inmaterial de Tánger. Participar de su tiempo-muerte, alinearnos con esta, sentir su Extinción. Lo que filmemos habrá-sido.

Por qué filmamos en Tánger

Es estremecedor enfrentarse a una ciudad en la que el tiempo ha explotado en pedazos, en la que todos los tiempos nos acompañan en nuestros paseos con las cámaras: el XIX de las primeras sedes consulares, los desenfrenados años 20, la vida comunitaria magrebí expresada en las angostas calles de la Medina o la Casbah, los 30 de la república española, los 50 de la independencia, los 70 de los años de plomo, los oscuros 80, el delirio de grandeza de Tánger 2012… En realidad la caída-catástrofe ya ha tenido lugar. Vivimos en un no-tiempo en el que se siente y intuye la muerte de las cosas. Queremos entenderlo, naturalizar esta batalla dentro de nosotros. ¡Viva la muerte!

Los chavales no son conscientes de ello desde esta perspectiva. Para ellos todo lo que recogemos es simplemente vida y les cautiva como tal, ellos que son miembros activos de ella. Por sus ritmos, por sus colores, por todo aquello de familiar que encuentran en las imágenes. Es lo que hay al otro lado del intercambio.

Empezamos a familiarizarnos con las cámaras. En las proyecciones colectivas todos coinciden en que estamos haciendo imágenes demasiado rápidas y movidas. Es importante dominar el tiempo del 16mm, crudo, violento. Es el momento de usar el trípode. Colgaremos en breve estas imágenes.

Fases precedentes I. Algunas cuestiones técnicas.

Durante una primera fase que arranca en diciembre de 2007, nuestro objetivo es familiarizarnos con los chavales. Queremos entrar en sus vidas de una manera natural, humana. Vemos películas juntos, jugámos al fútbol… Al mismo tiempo que conocemos su realidad redactamos el proyecto.

Empezamos a trabajar con el primer grupo en abril de 2008. Lo hacemos lentamente, con cuidado. Dejamos que el taller encuentre su sitio, que los contenidos de este poco a poco aparezcan por si mismos, configurados por la propia realidad de los chicos. Queremos que desarrollen su propio lenguaje. Desconfiamos de su facilidad para imitar al adulto, de su institivo deseo de objetivizar el mundo, en su fase de transición hacia la adolescencia.

Nos toca enfrentarnos a los primeros obstáculos técnicos. La cámara con la que contamos, una vieja Bolex H16 comprada en Ebay, tiene las ópticas muy desgastadas. Nos cuesta mucho trabajo observar por el visor. Decidimos incorporar esta limitación a nuestro lenguaje: hasta la adquisición de una nueva cámara no volveremos a filmar mirando por el visor.

También nos damos cuenta de la fragilidad del proceso de revelado reversible. Nuestra experiencia en este campo se limitaba al revelado de blanco y negro, de menor duración y más sencillo. El proceso E6 ha de hacerse con una temperatura constante de 38 grados lo que implica mucha exactitud en las mediciones. Utilizamos para ello un tanque de revelado americano de los años 60 (3g Morse). Este nos permite introducir mucho film (100 pies, unos dos minutos y medio aproximadamente a 24 fps), pero implica que el tiempo de revelado es también más largo, con la contrapartida de que el químico se enfría rapidamente. Intentamos mantener el químico caliente de muchas formas pero no lo logramos. Nuestras primeras películas salen demasiado oscuras. Hay gran decepción en el grupo.

La tentación de pasarnos al blanco y negro o al color, ambas películas negativas, o a procesos cruzados, son grandes. Sin embargo para nosotros es imprescindible que el film sea reversible, necesitamos que los chavales pasen por todas las fases de la concepción de una imagen. El que tengamos un positivo como resultado nos evita tener que acudir a un laboratorio para hacer un transfer de negativo a positivo. De esta manera podemos ver en nuestro proyector el resultado de las filmaciones a las pocas horas de ser estas filmadas.

Decidimos cambiar de tanque. Pasamos a utilizar los tanques Lomo, soviéticos. Son tanques de espiral, como los utilizados en fotografía. El negativo está en todo momento en contacto con el químico, los tiempos de revelado son por lo tanto menores.

¡Hamdoula! ¡Empezamos a tener los primeros resultados!














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Dao Byed en Flickr