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¿Acaso se ha tratado alguna vez al pintor de experimental?

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Todo proceso creativo es inevitablemente experimental. Si no es experimental, no es un proceso creativo. Esta idea que parece tan obvia no lo es sin embargo en los territorios del cine. Allí existen los cineastas “experimentales”.

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desde casa

Ignorando absolutamente que se proponen estos pero sobre todo qué son los otros, organicé hace un año un taller de cine en Tánger con niños de la calle, “excluidos sociales”.

Entendía que la base de la creación era la inadaptación, que es en si fértil distancia entre dos equidistantes puntos que pueden ser recorridos en una dirección u otra, a la manera de esas montañas rusas en forma de V. Una vez aceptado el juego, eliminado el vértigo, podemos subir a la provincia personal, abrazar el sueño. O recorrer de nuevo toda esa distancia y, en un acto igualmente vertical, empatizar con el otro, ser él… aunque se haga igualmente por uno mismo, con el mismo interés, el de quien no necesita rostros, sino sólo espejos que los reflejen.

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Enfrentados a duras realidades, el enfoque del trabajo se alejaba por lo tanto de estas. No interesaba la estetización de los dramas de los niños, sino el propio proceso estético en sí que desarrollábamos juntos. Desde una suerte de amoralidad, nos preguntábamos por qué queríamos hacer imágenes, y cuales eran los medios que estaríamos dispuestos a tomar para obtenerlas. ¿Está el arte más allá del bien y del mal?

Hemos vivido pues la imagen, y simultáneamente la hemos puesto a distancia. Para comprenderla como impulso creativo, tan ridícula como irrenunciable.

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Final de la Copa de Europa 2009 en un café de Beni Harús

El avión. Él tampoco lo entiende es un film “chantier”, un solar en construcción que preserva ese presente de decisiones estilíticas, tan dependientes en el cine de la vida. Disecada esa mécanica del encantamiento, pero sin renunciar a los dispositivos de ficción, parece que faltarle al respeto sea la única manera posible de tomarse en serio nuestro tan querido como denostado cinematógrafo.

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Con motivo de la Muestra de Artes Visuales Injuve 2009.

A partir de hoy 10 de septiembre de 2009 pueden verse en el Círculo de Bellas Artes de Madrid cuatro pequeños vídeos del taller en el marco de los premios Creación Injuve 2009.

La obra tiene por título El avión. Él tampoco lo entiende, y muestra 45 minutos de imágenes tomadas a lo largo del taller.

Entrevista a Oliver Laxe en la revista Viralatas


Hacer click sobre las imágenes para verlas ampliadas

En pleno rodaje

Algunas fotos de Alvaro Redondo:

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camiando
en el labo
ines filmando
en el patio
con claqueta

Juego de niños

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Juegos de niños, Goya.

Se acerca el rodaje y son varias las dudas que nos asaltan. Queremos hacer una película necesaria, en el sentido de contemporánea. Pero nos damos cuenta de que ello nos obliga a situarnos en una posición que está más allá de lo que se podría entender como “el buen hacer”, sobre todo en la situación en la que nos encontramos, ante unos niños inestables y con dificultades y miedos de diferente índole. En general el proyecto basculó siempre en esa difícil frontera que comparten Arte y Pedagogía creativa infantil. En muchas ocasiones lo que era bueno en términos artísticos era pobre en términos pedagógicos, y viceversa. Fue siempre difícil encontrar una solución o alternativa; esperamos conseguirlo a través del largometraje.

Valorada la situación, lanzadas unas hipótesis, vamos a confiar en el Arte: seguro que si somos honestos con el Arte seremos justos con la vida. Confiemos también en los chicos, que sabrán entendernos a medida que avance la película y obtengan de esta la información que los haga pasar de objetos a sujetos.

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El punto de vista de la película está muy claro, y eso es quizá lo más complicado. Partimos de la base de que es inevitable que los profesores entremos dentro del plano para hacer nosotros mismos la puesta en escena. Ya hemos constatado que de colocarnos detrás de la cámara esa realidad no carbura. La tenemos que provocar, como decía ese infante canalla que era Joaquim Jordà. Ello implica que hay que pelear contra varios peligros, ser elegantes ante ellos. Acecha por un lado el del narcisismo, que solo es excusable si es estructurante, es decir si se comparten problemas entre Narciso y el espectador. Pero -y eso es más peligroso aún- acechan connotaciones cristianas y moralistas en lo relacionado a nuestra labor con estos menores. Nos horroriza la idea de trasmitir la idea de que “hacemos el bien”, de que “ayudamos”. Sería verdadero humanismo paternalista. La imagen de un adulto rodeado de niños, inevitable en este proyecto, nos resulta en ese sentido muy arriesgada.

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Toca pues tomar el camino inverso, asumir el papel de los malos y de paso hacer válidas muchas de las reflexiones que sobre el hecho creativo queremos trabajar con la película.

Es inevitable el impulso romántico, principio de toda acción, pero hay que saber ser, repetimos, elegantes. Dos parámetros hacen que un contenido sea trascendente, vertical, es decir necesario, universal: por un lado una lúcida interpretación del momento exacto en el que nos encontramos en el proceso histórico, nuestras necesidades como individuos en el marco de una sociedad; por otro la propia evolución y necesidades del arte. Muchos pueden ser igualmente eficaces, pero solo aquellos que entendemos por necesarios y elegantes perduran en el tiempo. En ese sentido a los artistas de hoy nos toca lidiar con ese peligroso impulso romántico, generado por esa duda cósmica que nos afecta a todos al encarnar esa escisión hombre-naturaleza, sin caer en los ineficaces territorios del cinismo. Encontrar un territorio medio, una region de resistencia que no quede tampoco anclada y reducida en “el absurdo”, declinación de ese pulso romántico que ya no sirve como respuesta en el 2009. Tenemos que buscar algo más, trascender el nihilismo adolescente. A la exclamación “Qué pequeño soy!” no se le puede contestar con un “¡Pues qué mas da, si es todo absurdo!”. Es como si la mayoría de los artistas se hubiesen quedado encerrados en esa aventura incompleta que representa la adolescencia: no han podido salvar al niño ni se han atrevido tampoco a morir.

Hemos sido todos muy dados a filmar siempre al ser humano atravesando una naturaleza inhóspita, que aplasta la pequeña figura al fondo. Es lo único que vemos hoy en día en el cine, un reflejo de que no se tienen respuestas, ni cuales son siquiera las preguntas. En nuestra película nos proponemos hacer estas imágenes. Los niños atravesarán aquellas naturalezas que consideremos fotogénicas, pero intentaremos evidenciar un intercambio lúdico entre un lado y otro de la cámara, como una forma de pregunta, a ver si es también el juego la respuesta.

Rodaje a la vista

Rodaremos durante dos semanas y media descansando cada tres días. No podemos tener a los niños a nuestra entera disposición, tenemos que amoldarnos a las clases y exámenes de fin de curso. Al final sólo disponemos de cuatro días para filmar toda la parte del campo.

Nuestro equipo está formado por cinco integrantes: Ines Thomsen como cámara, Sandra Ortiz su ayudante, Alvaro Redondo cambiando chasis de película, Simohamed Fettaka en el sonido y Adam Mouaouia e Icham Hamidallah ayudándome con los niños y la producción.

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Tenemos cinco horas de película virgen que va cargada en chasis que duran cuatro minutos y medio. A pesar de que serán las propias imágenes las que nos dirán cuál es la duración final del film, nos planteamos llegar a la hora u hora y media, es decir una relación de dos imágenes buenas de cada cinco.

La cámara ha sido cedida desinteresadamente por el Centro Cinématográfico Marroquí, cuya función hasta mediados de los años noventa fue la de filmar todas las salidas del rey Hassan II. Las ópticas están bastante viejas y el motor hace bastante ruido, será un problema para las escenas de interior.

¿Qué es más peligroso: un cínico, un relativista o un romántico?

No queremos hacer una película romántica.

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El afuera existe, y la Otredad es un planteamiento filosófico que suena a palabrota. Podría ser un sinónimo perfecto para la palabra excremento. Un marroquí tradujo un día para El pan desnudo de Choukri la palabra baisara por la francesa soupe de fabes. Otredad!

Nos hemos decidido por el blanco y negro

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Posiblemente es sólo un capricho estilístico, aparentemente justificado por la voluntad de subrayar nuestra mirada de la de los chicos. Pero es eso, un sentimiento de placer absoluto, de nervioso regocijo estético, fruto de imaginarse el paso de una imagen en blanco y negro a otra a color. Un rizo, una fuga, un salto a otro espacio en el que las cosas parecen tomar vida a través de su muerte.

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Nos persigue ese olivo, esas fotos que hemos tomado difuminadas, con ese velo del desenfoque. Si este protagonizará la culminación de la película queremos que se vista de colores, subrayando estos al haber utilizado previamente el blanco y negro.

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Al mismo tiempo queremos escapar a varios de nuestro miedos, como hemos dicho nos horroriza la idea de hacer una película simplemente “bonita”. Por otra parte, no nos veo capaces de dominar el color de Marruecos. El color aquí es algo parecido a una gelatina que no puedes sostener de ninguna manera, que se escurre entre los dedos.

Las fotos de esta entrada las ha tomado Ines Thomsen en el viaje que ha hecho con nosotros al campo.

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Said Taghzaoui













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